Arsenal en la trinchera de la vida

DAIMELA ELTIT fuerzas especiales.cdrDICEN QUE LA EXPERIENCIA ES UN GRADO y cuando se trata de narrar la vida, ese equipaje puede resultar un arma mortífera para quienes van dirigidas las palabras que encierran ideas, intenciones o esperanzas. Diamela Eltit sufrió y combatió la sinrazón de esas fuerzas especiales que erigen tiranos, someten al pueblo y aniquilan el futuro, condenando a los desdichados a un presente continuo siempre amenazado por lo imprevisible. La experiencia que ese existir proporciona se adhiere al alma y la estimula, elevando la percepción de sus víctimas hasta extremos casi sobrenaturales. El mundo ya no es el mismo, y sólo se abren dos caminos: avivar el recuerdo para evitar que se repita la ignominia, o lamentar la pérdida de los privilegios hurtados a golpes y desprecio. La batalla continua pues.
No son pocos los ejemplos de esa voluntad combativa que los intelectuales sudamericanos desarrollaron tras sufrir las consecuencias de las dictaduras militares, que asolaron el continente durante buena parte del siglo pasado. Fruto de la misma ha sido una extensa y gloriosa bibliografia que ha rendido cuentas de semejante vesanía. Pero la trinchera no se ha enterrado aún, pues queda el recuerdo y no pocos residuos de aquel mal aún siguen ensuciando las realidades de la sociedad latinoamericana. Eltit es una de esas escritoras que se resiste a sucumbir al ensalmo del pasado superado, y sus novelas siguen exhibiendo ese carácter combativo que mantiene alerta los sentidos.
Fuerzas especiales es un ejemplo manifiesto de esa literatura de trinchera, desde la que mostrar los resultados de una época mal superada. La criatura que habita la novela de Eltit es una metáfora de esa falacia: prostituta en un cibercafé, residente en uno de esos bloques vetustos que pueblan los barrios marginales de las grandes ciudades, cargada con los mil oprobios que puede proporcionar una vida sin vida, deambula por las páginas de esta historia con la certeza de ser la víctima propicia para el castigo del designio. Le ha tocado sufrir lo que nadie quisiera ni imaginar.
La escritora chilena construye así un relato crudo, desasosegante, turbador y complejo en el que relaciona una acción concreta como es el asedio de la policía al edificio en el que vive la protagonista, con el mismo asedio al que ella se ve sometida a diario por los sinsabores de la vida. Un paralelismo ingenioso que convierte a esta novela en un ejercicio de estilo original y atractivo.
Eltit proporciona al relato ese carácter combativo al mecharlo con constantes alusiones al arsenal que supuestamente buscan esas fuerzas policiales que sitian el bloque de viviendas. Es un misterioso catálogo de armas que jalona el relato de la rutina de la protagonista de la novela, enturbiando aún más esa realidad que no termina de desbordarla. Con todo, la autora consigue una de esas novelas que poseen el raro poder de penetrar los sentidos para adueñarse de los sentimientos y remover conciencias

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