José Ovejero: El presente invisible

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«EL DESORDEN PRECEDE AL ORDEN. La entropía es inevitable si no le oponemos una voluntad férrea». Este adagio, pronunciado por uno de los personajes de la nueva novela de José Ovejero en un momento especialmente crudo del relato, resume el proceso creativo elegido por el escritor madrileño para fabricar esta fascinante obra a la que ha titulado Los ángeles feroces.
«Empece a escribir otorgándome toda la libertad posible; sin convenciones narrativas ni forma posible; una vez superada esa fase, me dispuse a poner orden en todo el material para proporcionar al relato la fluidez necesaria para que se entendiese. Ese fue el trabajo más arduo que convierte a esta novela en mi trabajo más exigente, pues ha sido fruto de una mezcla de libertad y disciplina», confiesa Ovejero.
El resultado es más que satisfactorio, pues estamos ante una de las novelas más interesantes de este inicio de curso, tanto por su audaz estructura narrativa como por la original idea que sustenta el relato: la descripción de un ‘presente distópico’. «Todo lo que narro en esta novela existe hoy en día, pero está convenientemente oculto y nadie hace por verlo». explica el autor.
De hecho, Ovejero construye los escenarios de su relato con el material que encuentra en esos rincones oscuros de las sociedades actuales, creando un mundo ficticio a base de realidades. «La ciudad que describo en la novela condensa fragmentos de ciudades que ya existen», aclara, «y lo que sucede en ella no es ciencia ficción», por mucho que sea imposible no pensar en ello cuando se adentra uno en el inquietante mundo que describe en su novela.
Pero si ese ambiente ya resulta peculiar, no lo es menos la forma de contarlo. Hay una sola voz, pero dotada de una versatilidad que la convierte en polifónica. Un narrador omnisciente que además adquiere la categoría de personaje, al comportarse unas veces como voz de la conciencia del resto de protagonistas, y otras como maestro de ceremonias dirigiéndose directamente al lector para orientarle a base de aclaraciones y advertencias a lo largo de su lectura. Al narrador protagonista se unen tres personajes en busca de su objeto de deseo: Alegría, una joven cuya sangre posee una mutación que la hace inmortal.
Ella en realidad no es más protagonista que su sangre, aunténtico elemento catalizador de la acción del resto de personajes: un político ambicioso al que ese tesoro puede garantizarle el poder perpetuo; un fanático adorador de la muerte que quiere evitar a toda costa que la sangre de Alegría sirva para arrebatar a su ‘señora’ los frutos que la sustancian; y un joven desarraigado que ayuda a la joven fugitiva a huir de sus perseguidores. En torno a ellos pulula una serie de personajes que complementan la acción y definen la personalidad de los protagonistas, conformando un mecanismo narrativo que funciona con enorme precisión.
Este ‘caos ordenado’ revela además a un escritor perspicaz y comprometido, que «sin estar de acuerdo al cien por cien con el narrador» apuntala el discurso narrativo con sentencias de una contundencia sobrecogedora que revelan su personal visión de la realidad y estimulan al lector a reflexionar sobre muchas verdades que pasan desapercibidas, como: «La destrucción es el momento en el que la historia desarrolla toda su creatividad»; «Todos tenemos un porvenir, y cuando llega nos sentimos estafados»; «Lo que ahora parece normal no es más que un momento del vaivén de la moda». Y así…
Los ángeles feroces es una de esas novelas rotundas que demuestran un genio inabarcable y audaz, cuya aguda mirada es capaz de atravesar los sólidos muros de la apariencia, para descubrir la sobrecogedora realidad que se oculta tras ellos.
Ovejero recoge esa experiencia y la convierte en un relato sorprendente y cautivador, duro y ta

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