Juan Aparicio Belmonte: La invención de la realidad

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«El humor alumbra nuevas perspectivas de la realidad; desordena los elementos que la componen y una vez recompuestos adquiere una imagen diferente».El humor actúa así como un regenerador de la percepción, permitiendo esquivar los incómodos lugares comunes que minan el recorrido de la literatura de género. Y en el caso de Ante todo criminal es la herramienta de la que se sirve su autor, Juan Aparicio Belmonte, para descerrajar los candados de lo convencional, facturando una novela sorprendente en la que ajusta cuentas con esa realidad rampante que nos rodea sin apenas darnos cuenta de su existencia.
«Entiendo que mi novela es para lectores avezados», reconoce el autor. Sirva de advertencia, pues su obra es un dechado de originalidad que requiere cierto esfuerzo para disfrutarla plenamente. En primer lugar porque presenta una estructura compleja armada por diferentes tramas que confuyen en un argumento que no es lo que parece. Soportada por la peana del policíaco, Aparicio construye un artefacto literario al servicio de sus personajes, que son los que acarrean el mayor peso de la novela, convirtiéndose en los auténtico catalizadores de la acción y en el principal atractivo de la historia: «Los crímenes que narro sirven para poner en contacto a los personajes y desarrollar el argumento».
Sus criaturas son, por tanto, rotundas y versátiles. Una comisaria en excedencia empeñada en resolver el caso de la desaparición de un rico empresario, coloca en su punto de mira al atribulado autor de una novela en la que narra un caso; el escritor había sido contratado por el millonario para que enseñara a su hijo los rudimentos de la narrativa, y éste a su vez había sido el principal sospechoso de la desaparición del padre en un primer momento. Si a ello se le añade la trama paralela que Aparicio introduce, alimentada por el contenido de la novela sospechosa, el panorama adquiere enjundia suficiente como para empachar o fascinar. Habrá de ser el lector quien decida.
Lo cierto es que quien se atreva a aceptar el desafío literario que propone Juan Aparicio descubrirá por un lado a un escritor audaz y provocador, capaz de facturar, por otro lado, una novela original y divertida embutida en un armazón narrativo más permeable de lo que en un principio podría parecer.
Además, aunque el autor juegue al despiste y lleve al lector muchas veces a aparentes callejones sin salida, lo que realmente logra es sorprenderlo pues siempre hay una salida mimetizada que se confunde con el entorno y que le reserva la sorpresa que le induce a continuar la lectura hasta el final.
El escritor confiesa partir sin certezas cuando emprende sus viajes literarios. «Después de escribir el texto lo corrijo hasta que me lo sé de memoria, y entonces es cuando creo que está listo». Ese perfeccionismo se percibe en todos los rincones de esta novela, pues sólo con esa obsesión es posible poner orden en este ingenioso y abigarrado ejercicio de escamoteo.
Que nadie piense, no obstante, que Ante todo criminal es una de esas novelas experimentales ni un ejercicio de estilo a mayor gloria de la vanidad del autor, ni mucho menos. Al contrario, esta es una de esas novelas clásicas a la que se le ha dibujado una sonrisa, convirtiéndola en una propuesta innovadora pero digerible.
Y sobre todo divertida, demostrando la capacidad del escritor para salir airoso del difícil reto del humor. «El humor es más peligroso que la tragedia, pues no es posible conocer sus límites», confiesa Aparicio. Es más, asegura que su pretensión era a priori que su novela fuese cómica, y así ha sido porque no es difícil concederle al menos una (o varias) sonrisas espontáneas. Pero al margen de la expresión manifiesta, es indudable que Aparicio ha conseguido expresar con destreza toda la ironía que esconde esa realidad inventada.

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