La dialéctica de la rebelión

00403LIBMUPor mucho que se diga resulta increible observar que entre tanto dinero invertido en bazofia efímera, la obra de escritores como Drago Jancar no haya recibido ni un mínimo de atención en nuestro país. Y lo es más cuando después de leer Zumbidos en la cabeza, queda la sensación de haber aprovechado el tiempo con una obra literaria de primer orden.
Afortunadamente, la editorial Sexto Piso ha descubierto a este escritor esloveno y lo ha colocado en las mesas de novedades de este país, en busca de ese reconocimiento que merece una obra tan comprometida como vigorosa, que logra estremecer.
Jancar, uno de los analistas políticos más reconocidos de su país, obtuvo el premio a la mejor novela del año en 1999 por esta obra apabullante, intensa y profunda erigida en torno a la figura de Keber, uno de esos antihéroes de personalidad arrebatadora y, a la vez, contradictoria, en quien Jancar emplea como símbolo de su particular lucha contra el sistema carcelario de su país.
Jancar emplea como catalizador de su discurso el motín provocado por los presos de la cárcel de Livada, en Liubliana, durante el verano de 1970. Un hecho trivial desata la furia latente de los reclusos que, liderados a su pesar por Keber, ocuparán la cárcel hasta que los vigilantes desbordados recurren al ejército para sofocar la revuelta y recuperar el orden.
Jancar, a través de la perspectiva de su personaje, plantea un interesante paralelismo entre el suceso de la prisión y el episodio de la rebelión de los judíos contra la ocupación romana en el siglo I, que culminó con el asedio y la masacre de Masada. Separadas por los siglos, Livada y Masada se convierten en el mismo episodio a través de su esencia: la resistencia de los oprimidos frente al supuesto orden que los somete.
Es el protagonista de la novela quien se encarga de guiar al lector en ese salto temporal, relatando la peripecia de los juramentados de Masada mientras participa en una revuelta que emula aquel acontecimiento.
No es difícil empatizar con Keber, a pesar de su violento carácter, sobre todo cuando el lector empieza a conocer su experiencia vital y comprobar así que es una de esas víctimas necesarias que impulsan los cambios de paradigma en la Historia.
Keber es un símbolo de la resistencia frente a la sinrazón del poder, y Jancar saca todo el partido posible del personaje para apuntalar un discurso muy crítico que le revela como un observador perspicaz de la realidad, así como un escritor que sabe emplear las palabras como la más potente de las armas para denunciar las injusticia engendrando una obra imprescindible.

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