Lenny Bruce: El humor es tragedia más tiempo

Con el título de Cómo ser grosero e influir en los demás (Malpaso), se publica por primera vez en España las memorias del humorista americano Lenny Bruce (1925-1966), uno de los padres del stand-up comedy, o lo que es lo mismo, el monólogo cómico tal y como lo conocemos hoy gracias a programas como El club de la comedia o Sopa de gansos. Quizás el nombre de Lenny Bruce no tenga ningún significado para el que lo escucha por primera vez (o puede sonarle por haber visto en el videoclub la carátula de la película Lenny, dirigida en 1974 por Bob Fosse y protagonizada por Dustin Hoffman, un Hoffman que conseguía desaparecer del todo, logrando que el espectador solo viese a Lenny Bruce), pero seguro, que después de conocer su vida esa primera impresión cambia para siempre. Y no es para menos, pues estamos hablando del único humorista que tuvo el privilegio de cumplir condena en Estados Unidos por sus chistes. En 1964, Bruce fue sentenciado a cuatro meses de trabajo en un correccional por obscenidad: «Si me meten en chirona me pondré a estudiar. Sí, aprenderé a tocar el violonchelo. Saldré convertido en un violonchelista consumado… y, del pasmo, la mierda saldrá de los culos de todos. A propósito, utilizo la palabra mierda dentro de un contexto. No es obsceno en lo que a drogas se refiere –ésas son las disposiciones del Tribunal Supremo– en otras palabras, si te cagas y te fumas la mierda, no pasa nada».

A pesar de los testimonios de apoyo de personalidades –todos admiradores del humor de Lenny Bruce pero, sobre todo, defensores de la libertad de creación– como Woody Allen, Norman Mailer, William Styron o el poeta beat Allen Ginsberg (que tuvo que comparecer también ante la justicia bajo la acusación de haber escrito un libro obsceno, Aullido, de la que sería absuelto), casi todos night clubes del país tenían vetado a Bruce, pues temían ser acusados de obscenidad. «Todos queremos una mujer que sea al mismo tiempo una catequista y una puta de 500 dólares la noche». O: «Si Jesús hubiese sido ejecutado hace veinte años, los niños cristianos no llevarían cruces en el cuello sino sillitas eléctricas». Así eran las perlas que soltaba por la boca Bruce en sus actuaciones. Bruce, que no respetaba a casi nadie, tenía para todos, sacando a relucir en el escenario temas tan espinosos como el racismo, el sexo, las drogas, la religión o el asesinato de Kennedy. En sus actuaciones estallaba como un bomba que hace tic-tac en silencio durante años y revienta de hastío.

El crítico Kenneth Tynan, en el prólogo de Cómo ser grosero e influir en los demás, lo definió como «una enfermedad americana», al igual que la irritación constante y abrasiva que produce la perla es una enfermedad de la ostra. Para Tynan, Bruce era «una Casandra de club nocturno que nos anuncia el caos inmi nente. […] En sus chistes siempre hay intenciones ocultas. Te ríes con inquietud. Con Lenny Bruce la sonrisa no es un objetivo, sino un medio». Irreverente Nacido en Mineola, Nueva York, el 13 de octubre de 1925, hijo de una actriz teatral llamada Sally Marr, Bruce conmocionó pronto al mundo del show business americano con su humor irreverente e impúdico. En 1947, poco después de adoptar el nombre artístico de Bruce (su verdadero nombre era Leonard Alfred Schneider), ganaba 12 dólares por actuación.

En aquel entonces, EEUU se había convertido ya en un país tan conservador que utilizar la palabra cocksucker (chupapollas) en un espectáculo podía costarle a uno la cárcel. Pese a todas la trabas, Bruce se ganó al público con su carisma y ferocidad en el escenario con agudezas tales como: «Cada día la gente se aparta de la Iglesia y vuelve a Dios»; «En las salas de Justicia la única justicia está en los pasillos»; o «El neón va a morir a Miami Beach». Para Bruce la única forma de ser honesto era contar la verdad, aunque en el lenguaje actual este término haya perdido su valor originario: «No soy un cómico. Y no estoy enfermo. El mundo está enfermo y yo soy el médico. Soy un cirujano con bisturí para los falsos valores. No actúo, sólo hablo. Sólo soy Lenny Bruce». La medicina que practica Bruce en Cómo ser grosero e influir en los demás subyugará a muchos, repugnará a más, pero siempre hay verdad detrás de cada chiste, dolor detrás de cada broma. «El humor es tragedia más tiempo», decía Woody Allen, y quizás nada mejor que estas memorias del gran Lenny Bruce para demostrarlo.

 

El dardo en la palabra

Decía el escritor francés Jules Renard que el humorista es un hombre de buen mal humor. Tenemos bien cerca la prueba: Muchos humoristas, al igual que Lenny Bruce, con gesto serio, casi malhumorado, han puesto el dardo en la palabra, como diría Lázaro Carreter, para mostrar la parte oscura de la sociedad.

Woody Allen
«Creo que hay algo ahí fuera observándonos. Desafortunadamente, es el gobierno».

Denis Leary
«Por qué odiar a alguien por el color de su piel cuando hay razones mucho mejores para odiarlo»

Eddie Izzard
«Cuando llegamos a la Luna, ese fue el momento en que Dios debió haber venido y decir: Hola. Porque si inventas algunas criaturas, las pones en azul y llegan a gris, es el jodido momento de aparecer y decir: Bien hecho»

Richard Pryor
«La gente usa crucifijos contra los vampiros porque los vampiros son alérgicos a la bisutería»

Lenny Bruce
«Es cierto, los judíos matamos a Jesucristo… ¡pero ya ha prescrito!»

Jimmy Carr
«Cuando yo era niño tenía un amigo imaginario y solía pensar que él iba a todas partes conmigo, y que yo podía hablar con él y que él me podía oír, y que él me podía conceder deseos y cosas. Y luego crecí, y dejé de ir a la iglesia».

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