Oliver Belmás: Esencialidad vitalista

00102LIBMULa editorial Huerga y FierrO, de Madrid, en su Colección de Poesía,  ha publicado un volumen titulado Poesía esencial, en el que recoge una amplia antología de la obra poética de Antonio Oliver Belmás (Cartagena, 1903-Madrid, 1968). La edición, selección, estudio y notas ha estado a cargo de José Luis Abraham López, que realizó hace unos años su tesis doctoral sobre el excelente poeta cartagenero, uno de los más claros representantes de la generación del 27 en nuestra región, ya que sus libros poéticos anteriores a la Guerra de España se inscriben en la órbita de los movimientos más avanzados de aquellos años.
Incluye en el volumen José Luis Abraham un estudio preliminar amplio y detallado sobre la vida y obra de Antonio Oliver, en el que analiza los tres libros poéticos que publicó en vida: Mástil (1925) Tiempo cenital (1932) y Libro de loas (1949). Antes del examen de cada volumen, documenta lo señalado sobre ellos por la crítica inmediata, en periódicos y revistas de la época, algo que pone de relieve la buena acogida por los críticos de entonces. A través de las 180 páginas de este estudio, el lector podrá comprender mejor la poesía de Oliver y sobre todo reconocer el inmenso valor de su obra maestra, Libro de loas, escrito en años muy difíciles pero que revela un optimismo existencial y un aprecio hacia la naturaleza, con una extraordinaria y entusiasta presencia de las tierras levantinas.  Mientras Tiempo cenital es un libro de poesía amorosa, con diferentes matices que van desde la ensoñación de la amada a la plenitud de la realización amorosa, el Libro de loas es un canto lleno de alegría, de gracia, muchas veces de ironía, en el que, con una precisa estructura, se hace un magno elogio del mundo y sus criaturas.
Antonio Oliver fue, hasta la Guerra, funcionario de Telégrafos. Colabo­rador de la República y participante en las Misiones Pedagógicas, fundó, con su esposa, Carmen Conde, la Universidad Popular de Cartagena. Al estallar la contienda, Oliver se une al ejército republicano como telegrafista, y al acabar, tras una breve prisión en Baza en febrero–marzo de 1939 y ser expulsado de Cuerpo de Telégrafos, queda recluido en Murcia, en la casa de su hermana, en la Plaza de los Apóstoles.
En la Posguerra permanece apartado de toda actividad pública trabajando como ayudante en un estudio de arquitectura, mientras terminaba la carrera de Filosofía y Le­tras que había empezado en Murcia en los años veinte exami­nándose ante Jorge Guillén. En abril de 1946 se le exculpa de los delitos de rebelión militar. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Murcia en 1947, doctor, con premio extraordinario, por la Universidad Central en 1954, dirigió el Seminario-Archivo Ru­bén Darío, dependiente del ministerio de Educación Nacional, que había gestionado cerca de Francisca Sánchez, la mujer de Darío. En la Universidad Central fue desde 1949 ayudante, adjunto por oposición y encargado de Cátedra de Literatura Hispanoamericana. Estudioso del poeta nicaragüense, a su cargo estuvieron varias de sus ediciones y la biografía titulada Ese otro Rubén Darío.
Muy interesante es su actividad como poeta, desarrollada desde su juventud en los años 20 en Cartagena con partici­pación en las revistas murcianas del 27, Suplemento Literario de La Verdad y Verso y Prosa, y continuada a lo largo de toda su vida. Antonio Oliver es el perfecto poeta del 27, cuya obra va desde la influencia juanra­moniana y los brotes ultraístas hasta la rehumanización, sin omitir el neopopularismo, la valoración de la metáfora, el gusto por el lenguaje, el suave panteísmo y una clara exaltación vita­lista.
Desde joven, siguió de cerca las novedades literarias del país, a través de las revistas de la época, tales como Litoral, Pa­pel de Aleluyas, Alfar, de las que era asiduo. Entre 1927 y 1929 fue activo colaborador de la Revista de Avance de La Habana. En la década de los 30, dirigió Sudeste junto a otros escritores levantinos (José Ballester, Raimundo de los Reyes, Juan Lacomba, Antonio Para Vico y Miguel Gimeno Castellar). En los últimos años de su vida desarrolló una intensa actividad editorial y ensayística, mientras compaginaba sus clases como profesor de Instituto con las de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Madrid.
Pero, sin duda alguna, es en su poesía donde Oliver muestra niveles de originalidad y de inspiración que merecen detenimiento, por lo menos la contenida en los tres libros que publicó en vida y que representan tres etapas de una poesía de gran calidad y dignidad, tal c

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