El drama en clave de comedia

Diana M. de Paco Serrano (Murcia, 1973),  profesora universitaria de Filología Griega y fértil dramaturga, acaba de publicar en Madrid, en la Colección de Teatro de Ediciones Irreverentes, un volumen en el que recoge varias piezas dramáticas, titulado De mutuo acuerdo y otras menudencias. Y en efecto en el libro se reúnen la comedia De mutuo acuerdo o el concierto del hombre con un abrigo pegado a la piel, que obtuvo el I Premio Irreverentes de Comedia, así como la serie de Menudencias, formada por una selección de seis piezas breves, que recogen seis momentos humorísticos, en las que se mezcla lo hiperbólico con lo insólito. Se recopila también en la colección la pieza titulada Lapidarius, entretenimiento inspirado en las figuras de Don Quijote y Sancho reflejados en dos hombres que esperan a una Dulcinea, quimera tan imposible como la original cervantina.
La pieza principal, representada en el Romea bajo la dirección de Mariángeles Rodríguez hace unos meses, es una excelente comedia concebida al borde del absurdo, en la que descubrimos a unos pintorescos personajes algo irracionales. El protagonista es un pobre hombre abúlico, superado por la realidad de una biografía increíble, en la que ha habido ya dos divorcios y que en el momento presente, desde la cárcel, se somete a la posibilidad de ser condenado por un asesinato tan irracional como todo el resto de su inquietante vida, cebada por un azar caprichoso e imparable. Junto a él, dos mujeres ambiciosas, sus sucesivas esposas, confluyen en una amistad interesada pero tan paradójica como todas las situaciones que nutren en la comedia.
A tan asombrosa representación de la realidad contribuye la situación del protagonista que acaba convirtiéndose en cantautor, creador de una serie de letras para cantar que enriquecen, en la pieza, los límites de lo ilusorio y de lo disparatado. La obra combina admirablemente los procesos de regreso hacia el pasado para ir recomponiendo la historia y así llegar a una confluencia final de todas las disparatadas situaciones que han trufado la biografía del protagonista, cuyo único amigo es su compañero de celda, con el que se confiesa  y expone su delirante trayectoria vital.
El fracaso humano, el afán de supervivencia, el dominio implacable de las protecciones sociales de las aparentemente débiles divorciadas y las extraviadas resoluciones judiciales basadas en absurdos informes de los psicólogos de turno, incrementan todos en conjunto lo desmedido de las situaciones que han llevado al desamparado protagonista a los dos divorcios consecutivos. Como suele ocurrir en estos casos, la ficción descubre situaciones verdaderas que son, por increíbles que nos parezcan, habituales en la vida real.
En todo caso, la comedia que propone Diana de Paco se enfrenta a un mundo de falsedades que la propia casualidad resolverá a favor del más indefenso, que sobrevive entre las mentiras y las ficciones por su candidez insobornable y su afán inagotable de recuperar una vida familiar y normal con los hijos habidos de los dos matrimonios. Porque en el fondo, lo que pretende este texto reivindicativo en forma de comedia es denunciar cómo en la vida cotidiana muchos hombres se ven manipulados por las medidas protectoras de las teóricamente más débiles, hasta el punto de llegar a perjudicar el futuro de inocentes, como son, por ejemplo, los hijos…
Lo difícil es presentar este problema en clave de comedia-concierto sin perder en ningún momento el necesario respeto que se debe a estas situaciones muchas veces de dramáticas consecuencias vitales. Porque esta es una divertida pieza en la que los actores cantan, tocan instrumentos y hacen reír al espectador, pero, al mismo tiempo se implican en una reconvención social decidida. Entre la tragedia de las situaciones y su versión en clave de comedia hay espacios muy complejos por los que Diana de Paco ha sabido transitar con su habitual destreza como escritora y su indeclinable nobleza de espíritu que la distingue como dramaturga y como ciudadana. Si logró hacer reír a su público es porque la realidad puede llegar a ser tan absurda como la más atrevida ficción.

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