El Nobel ya tiene quien le quiera

si está pensando leer algo de Svetlana Alexievich, flamante Premio Nobel de Literatura, no pierda mucho el tiempo buscando títulos. En castellano sólo hay disponible uno: Voces de Chernobil. Se trata de una obra que data de 1997 y que fue publicada en castellano por la editorial Siglo XXI en el año 2006. Desde entonces nunca más se supo hasta que hace más o menos un año Penguin Random House la reeditó en su sello Debolsillo.

Esta es una de las obras más reconocidas de la escritora bielorrusa, pero no es la única que atesora calidad, a tenor de la larga relación de premios que ha obtenido a lo largo de su carrera, culminada por ese Nobel que destaca sobre todo su carácter comprometido y divulgativo.

Cabría pensar que esa reedición indicaría que el poderoso grupo editorial posea los derechos de la obra de esta escritora para su publicación en España; y si es así, que habrá encargado las traducciones correspondientes y editado aunque sea uno de sus libros para cubrir la demanda prevista, al menos en principio.
Sin embargo, lo cierto es que hasta el momento es la editorial Acantilado la única que ha anunciado el próximo lanzamiento de la última de sus obras, aparecida el año pasado. Se trata de El fin del homo sovieticus, una crónica sobre los efectos del fin de la Unión Soviética sobre la generación que vivió durante su existencia.

La pequeña pero activa editorial catalana demuestra así una vez más la agudeza de sus criterios de selección, al enriquecer su catálogo con una apuesta no poco arriesgada, a pesar del indiscutible prestigio del que la autora goza en medio mundo. Pues, precisamente por eso, no creo que sea muy ventajosa la inversión, no muy barata supongo, en una obra de escasa cintura comercial al tratarse de ensayos que tratan asuntos que requieren una preparación intelectual y que, además, abordan asuntos que a la mayoría de los españoles les pueden resultar exóticos.

No es la primera vez que un Nobel pilla desprevenida a la gran industrial editorial española. Baste recordar a Mo Yan, un escritor chino en quien en España sólo creyó el editor de Kailas, un pequeño sello que por esa razón adquirió cierta notoriedad, aunque su editor no hiciera el agosto con tal recompensa.

Pues el Nobel es una etiqueta caprichosa que no garantiza el éxito de ventas, salvo que quien lo reciba ya disfrute de antemano del reconocimiento del consumidor. En ocasiones como esta, el premio solo estimula la curiosidad de unos cuantos iniciados, lo cual no es malo pues permite descubrir a autores extraordinarios que, por su escasa capacidad mediática no merecen grandes inversiones.

En otra ocasión le sonreirá la suerte a la gran industria. Este año nos descubre a una escritora a la que habrá que seguir de cerca, por lo atractivo de su propuesta.

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