La odisea de Seljuk

Esta propuesta empieza con una situación ficticia que podría ser verdad. O una verdad que podría ser ficticia. Un ejercicio de abstracción que pecaría de malicia si no fuera inocente. Invitamos a una autora, Aura Tazón, a escribir en tercera persona sobre su novela. El reto: a ver si consigue meterle curiosidad al posible lector. Tirando del hilo de la propuesta metaliteraria, Tazón se imagina el mejor de los mundos posibles en una génesis donde cabe todo: la ironía, la exhausta sensación de haber escrito algo que la coloca en muy buena posición dentro de la joven narrativa española, el placer no exento de preocupación de haber cumplido con una misión nada sencilla, manifestada ya de mano en las dudas de un editor hacia la etiqueta de la obra que ha aceptado publicar. «¿En qué materias daré de alta el libro?», imagina la autora que se pregunta el editor al rellenar la ficha en el ISBN. Sin duda es «un buen libro de aventuras, con viajes, luchas, amores, traiciones, odios y el alma en vilo», pero también es «una novela de formación o crecimiento, introspectiva, con una protagonista que crece en fuerza, talento, pasión y sabiduría a lo largo de las páginas». Por otra parte, «la cuidada ambientación histórica y el hilado fino de la trama en torno a hechos acaecidos en la realidad, impregnan de verosimilitud una odisea que bien podría haber tenido lugar». En fin, que al editor le faltan casillas para etiquetar el libro, porque El mundo inmenso tiene además «un gran poder hipnótico, una maravillosa capacidad de atrapar al lector. Quien se sumerge en sus doscientas y poco páginas lo tiene difícil para cerrar la novela, incluso cuando termina un capítulo. Una trama ágil contada de modo epistolar, arropada por la calidad de sus formas literarias y la sensualidad, ritmo y poesía del lenguaje. Para el editor es una apuesta por una literatura de calidad y clásica en el sentido de eterna, que no caduca y seduce a todo tipo de lectores de todas las edades».

El editor sonríe al recordar la primera versión que recibió de la novela. La despachó «con delicadeza, era una historia muy buena, muy bien escrita, pero que no terminaba de funcionar. Ignoraba que, al cabo de año y medio, iba a recibir el manuscrito cambiado por completo, reescrito, redondo, poético y trepidante a un tiempo. Encomiable trabajo de la autora porque la tarea de revisión y autocrítica es la más ingrata, dura y desesperante de todas las que debe enfrentar un escritor».

Seljuk se llama la protagonista, una «joven princesa otomana que escapa del matrimonio y, con el bagaje de su exquisita formación y sus conocimientos, se embarca en una aventura que la transforma. Esa mujer del mundo islámico medieval que nos es desconocida, pero que ha existido, ha podido existir y sin duda existe en la actualidad, ha enamorado al editoR». Mientras termina de cumplimentar el formulario el editor se dice, con seguridad, que Seljuk, El mundo inmenso y su autora enamorarán también a los lectores. Y no anda descaminado porque esta novela de pocas páginas deja muchas sensaciones intensas al pasar las páginas. Apunten el nombre: Aura Tazón.

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