Otto Basil: la dulce venganza

Hhitler ha ganado la guerra y domina el mundo. El Magno Imperio Germánico impone sus dogmas delirantes con el apoyo de sus aliados. Nada escapa a su feroz garra, y la vida sigue, plácida para los vencedores, terrible para los vencidos. Corre el año 1965, los hogares se llenan de televisores, amplias autovías recorren el continente, la cruz gamada ondea hasta en el espacio. Pero el Führer es humano y palma. A partir de ahí todo empieza a cambiar; al principio es sólo una amenaza, pero pronto se desata el apocalipsis nuclear. Entre tanto, Albin Totila Höllriegl, zahorí con mando en plaza y de fanatismo impecable, recibe un extraño encargo: ha de viajar a Berlín a prestar sus servicios salutíferos a un misterioso sabio que anda mal de salud. Allí se verá involucrado en una conspiración que le llevará a temer por su vida, mientras recorre diferentes lugares del imperio en busca de unas respuestas que se revelan peligrosamente esquivas. A la vez, el sucesor de Hitler, el avieso Köpfler, emprende una profunda reforma del Reich para imponer una política si cabe más monstruosa que la heredada, mientras comienzan a estallar revueltas en todo el mundo y Japón, hasta ese momento fiel aliado, declara la guerra total a sus viejos camaradas.
Con ese planteamiento desbocado, Otto Basil, periodista y dramaturgo austriaco depurado por los nazis durante demasiados años, se adentra en su primera y única incursión en la narrativa con resultados asombrosos, pues Si el Führer lo supiera es una de esas novelas adictivas que descubren un genio tristemente desaprovechado y lamentablemente desconocido en España, hasta ahora. Una novela en la que se suceden las sorpresas, tan incómoda como divertida con la que, supongo, se cobró merecida venganza al enterrar bajo toneladas de mordacidad toda la esencia de un régimen monstruoso, ridiculizándolo hasta extremos insospechados.

Ya el propio protagonista, el arrogante, vicioso y fútil Höllriegl basta para representar toda la vesania del nazismo. Un ser despreciable al que Basil maneja a su antojo, colocándolo en situaciones disparatadas que ponen a prueba su muy ordenada y podrida conciencia. Desde su desafortunado lance con la escultural Ulla, esposa de un rico industrial, hasta el sexo depravado con Anselma, que representa la esencia falaz del determinismo nazi, pasando por un insospechado encuentro con un grupo de resistencia formado por psicoanalistas, que viven refugiados bajo tierra, el desasosegante cara a cara con el sabio Gundlfinger a sabiendas de que puede ser un traidor a pesar de la notoriedad que representa para los nazis, y para colmo el descubrimiento de que quien propició la victoria nazi fue nada más y nada menos que ¡un judío! Basil machaca con saña al nazismo en la figura de su criatura, que no gana para pasmos en su viaje iniciático al fondo de la mentira.

Si el Führer lo supiera es una novela apabullante, cáustica y descarnada, que seguramente se inspiraría en la aclamada El hombre en el castillo, de Philip K. Dick (su referente más directo), pero también en la estética de 1984, aunque ni posee la épica de la primera ni la profundidad filosófica de la segunda. Al contrario, la novela de Basil es una extraordinaria diatriba, un puñetazo brutal en la cara de todos aquellos que defendieron y sirvieron a los nazis -que en 1965 los habría aún en cantidad-, y luego se refugiaron en un anonimato cínico para conservar sus privilegios.

Precisamente por eso, y como no podía ser de otro modo, la novela causó un enorme revuelo en Alemania cuando se publicó y Basil tuvo que disfrutar de lo lindo, pues vio cumplida su venganza. Y no es para menos, pues estamos ante una novela extraordinaria, de ritmo frenético, suspense calculado y humor desbordante y negrísimo; una sátira tremendamente efectiva que se lee en permanente estado de expectativa ante la siguiente sorpresa que nos reserva.

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