El santuario de una gran escritora

Hace un tiempo leí la trilogía compuesta por Las chicas de campo, La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas de atrás adelante y, como me sudece cada vez que leo una novela después de ver su adaptación cinematográfica (experiencia que aconsejo fervientemente), viví una experiencia interesantísima pues las situaciones, personajes y ambientes adquirían una dimensión mucho más reveladora haciendo de su lectura un ejercicio apasionante. Desde ese momento quedé rendido a la extraordinaria pericia literaria de su autora, la irlandesa Edna O’Brien; tanto que en mi humilde opinión la considero una de las más grandes escritoras de todos los tiempos.

A partir de entonces he leído todo lo que ha caído en mis manos de esta escritora, y he de reconocer que ha sido siempre un placer disfrutar de sus obras; desde la irónica Un lugar pagano hasta la escalofriante Las sillitas rojas, siempre me proporcionaba un motivo para que las emociones se desataran, degustando con fruición cada una de las palabras con que compone una novelas que rozan la perfección (gracias sobre todo a las magníficas traducciones), en las que se percibe con una nitidez extraordinaria el genio que habita en esta mujer valiente, perspicaz e indómita. Un espíritu libre que hace de la observación de su realidad un instrumento implacable que revela los entresijos de la naturaleza humana, mostrando a la mujer en su estricta esencia, sin artificios ni imposturas, tal y como son ante la realidad común.

Ha sido por tanto un motivo de celebración que por fin se haya publicado en España el libro de memorias que, bajo el título Chica de campo (como no podía ser de otro modo), nos presenta a la escritora sin el artificio de la ficción. Es Edna O’Brien la que se dirige directamente al lector para narrarle su vida, sus experiencias, sus sentimientos, emociones, reflexiones y sensaciones. Y lo hace, tal y como en sus obras de ficción, con una naturalidad asombrosa, serena y a la vez tumultuosa, sin tapujos ni contenciones innecesarias. Un relato conmovedor que dibuja no sólo una personalidad inmensurable sino también un universo que nos concierne a todos.

En plena avalancha de esa literatura del yo, a la que muchos autores se han subido sin tener nada que contar, irrumpe una mujer con mucho vivido, y con todo el derecho a contarlo, porque es necesario, porque ella sí tiene algo que contar. No son unas memorias ensimismadas, ni un canto al ego, sino una sinfonía de la vida, de sus alegrías y tragedias, de la sabiduría, de anhelos, fracasos, éxitos y decepciones, del alma y el cuerpo, de las creencias y las dudas, de los apegos y las desdichas, del amor, la muerte y la existencia. Con su estilo directo, diáfano y elocuente, la escritora irlandesa vuelve a sorprender.

Edna O’Brien nos regala una obra maestra de la literatura: su vida, su obra, su alma.

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